Fuente de la imagen: Cuenta de Facebook de JP+
Por: Yassamine Mather* El ataque
estadounidense-israelí contra Irán ha devastado ciudades, patrimonio histórico
e infraestructuras civiles. Irán respondió con drones baratos que, no obstante,
pueden ser muy destructivos. Los planes de cambio de régimen de Trump chocan
hoy con una realidad compleja: la guerra ha exacerbado el nacionalismo y
erosionado a la oposición en el exilio.
Irán bajo las bombas:
entre la represión interna y la agresión externa
Nueva
Sociedad, 23 de marzo, 2026.- En las semanas previas al ataque de Estados
Unidos e Israel contra Irán, se sucedieron numerosas declaraciones de iraníes
famosos –desde premios Nobel de la Paz hasta directores de cine y
ex-futbolistas–, así como de grupos burgueses liberales tanto dentro como fuera
del país, en las que se pedía una «intervención extranjera» para acabar con la
República Islámica. Y, por supuesto, medios como la BBC y los medios de
comunicación estadounidenses e israelíes se encargaban de darles difusión. Es
muy posible que gran parte del público pensara: «Vaya, toda esta gente está a
favor de la intervención militar estadounidense». Quizás concluyeran que esa
era la única forma de «salvar al pueblo iraní».
Durante
ese mismo periodo, leí los folletos publicados por los trabajadores de la
planta azucarera de Haft Tappeh, que llevan mucho tiempo protestando. Leí las
declaraciones de los trabajadores de la empresa de autobuses Vahed, así como de
los petroleros que están intentando crear una organización sindical nacional
que incluya a los operarios contratados y a los de las numerosas empresas
privatizadas del sector. Todos planteaban múltiples reivindicaciones. Abogaban
por la separación entre el Estado y la religión. No pueden hablar abiertamente
porque algunas de ellas son organizaciones semioficiales –no utilizan la
palabra «derrocamiento»–, pero, si se leen sus declaraciones, queda claro que
estaban a favor del derrocamiento de la República Islámica. Sin embargo, todos
tenían una cosa en común: rechazan cualquier intervención extranjera.
Por
supuesto, ahora que el país está siendo bombardeado intensamente a diario,
ahora que algunas partes de Teherán empiezan a parecerse a Gaza, las
celebridades antes mencionadas se están distanciando de la intervención militar
estadounidense-israelí: «No nos referíamos a este tipo de intervención.
¡Estados Unidos debería haberse detenido tras el primer día, cuando mataron a
Jamenei!». Irónicamente, lo mismo ocurre con algunos comunicadores exiliados,
que hasta el 1 de marzo estaban a favor de la acción militar.
Un
mensaje de un trabajador dentro de Irán lo resume así: «Casi todas las grandes
ciudades han sido bombardeadas. Hasta ahora se han destruido 40.000 viviendas,
según las cifras; 56 escuelas han sido destruidas; 11 hospitales han sido
blanco de ataques. Los aviones de combate están lanzando una lluvia de bombas
no solo sobre miembros de la elite gobernante, sino también sobre la clase
trabajadora».
Ahora,
sumemos a esto los incendios de las refinerías de petróleo del 8 de marzo y los
intensos bombardeos durante las noches del 9 y 10 de marzo –descritos por el
régimen como «bombardeos de saturación» (carpet bombing)– a los que se suman
los de la isla de Kharg, corazón de la industria petrolera iraní. Se pueden ver
imágenes de llamas y columnas de espeso humo negro sobre Teherán. El reportero
de la CNN, que logró permanecer en Irán, relataba el 7 de marzo que todo estaba
razonablemente tranquilo: «La semana pasada todo el mundo me decía que el
gobierno intentaba fingir que no había pasado nada. Esta semana eso ha
cambiado: la mayoría de la gente abre las ventanas y puede ver edificios
devastados. He visto imágenes de una destrucción espantosa».
En
la mayor parte del centro de Teherán no creo que se pueda encontrar una calle
que no haya sido bombardeada. La plaza principal, Enqelab (Revolución), así
como la plaza Ferdowsi, el aeropuerto de Mehrabad y los edificios cercanos han
quedado destruidos. El estadio central está completamente arrasado.
Irán
ha presentado una queja ante la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) por los sitios históricos que han
sufrido daños, incluido el Palacio de Golestán –construido originalmente en el
siglo XVI y modernizado en el siglo XIX durante el reinado de la dinastía Qajar–.
En la plaza principal de Isfahán, el Palacio de Chehel Sotoun, construido hace
379 años, también ha sufrido graves daños. Ninguno de estos edificios
históricos se encontraba cerca de instalaciones militares. Al atacar estos
lugares históricos, solo cabe suponer que los israelíes o los estadounidenses
(o ambos) quieren provocar desmoralización y desesperación entre los iraníes.
Poder global
¿Puede
Irán ganar esta guerra? Por supuesto que no, eso sería imposible. Sin embargo,
hay que reconocer que haber sobrevivido todo este tiempo ya es considerado por
parte del régimen iraní como una especie de victoria. Cuanto más tiempo
sobrevivan, más poder adquirirán en el interior del país, en la región y a
escala mundial.
En
los círculos gobernantes iraníes, algunos dicen: «Aguantamos la guerra de ocho
años contra Iraq [en la era de Sadam Husein]; podemos aguantar mucho tiempo».
Por supuesto, eso es demasiado optimista. Sí, Estados Unidos apoyó entonces a
Iraq, pero no participó directamente en las operaciones militares. Algunos
países europeos, como el Reino Unido, vendían armas a ambas partes. Hoy en día
Irán no recibe armas de ningún sitio. Al parecer, está recibiendo algo de apoyo
en materia de inteligencia artificial por parte de China, pero no está claro si
se trata de propaganda o de apoyo real.
Por
lo que yo sé, todas las afirmaciones sobre el envío de misiles o nuevos aviones
por parte de Rusia no son más que ilusiones. Sin embargo, Rusia sí está
proporcionando inteligencia satelital, según funcionarios estadounidenses. El 6
de marzo informaron que Rusia está compartiendo con Teherán imágenes
satelitales de alta calidad y datos de objetivos. Esto incluye las ubicaciones
en tiempo real de los buques de guerra y aviones estadounidenses en Oriente
Medio. También se informa que Rusia desplegó y compartió tácticas operativas de
guerra electrónica de sus sistemas de interferencia Krasukha para ayudar a Irán
a interferir con el armamento occidental guiado por GPS. Rusia también se
presenta como mediadora, manteniendo así su relación con el gobierno de Donald
Trump, que Vladímir Putin considera esencial para alcanzar los objetivos rusos
en Ucrania. Esto explica por qué Putin ha evitado las críticas personales a su
colega estadounidense a pesar de la guerra. Tal como se especulaba, Estados
Unidos ha levantado temporalmente algunas sanciones sobre el petróleo ruso lo
que, según ha advertido Volodímir Zelenski, supone un «grave golpe» para
Ucrania.
Mientras
tanto, China ha mantenido una política de «ambigüedad estratégica»,
proporcionando un importante apoyo indirecto y técnico a Irán, al tiempo que
rechaza cualquier transferencia directa de armas. Uno de los acontecimientos
más controvertidos ha sido la supuesta venta por parte de China del misil
supersónico antibuque CM-302 (YJ-12). El 24 de febrero y el 1 de marzo,
múltiples fuentes afirmaron que Irán estaba ultimando un acuerdo para adquirir
estos misiles de Mach 3 con el fin de contrarrestar a los portaaviones
estadounidenses. El 2 de marzo, la portavoz del Ministerio de Asuntos
Exteriores chino, Mao Ning, desmintió oficialmente estas informaciones,
calificándolas de «desinformación».
Informes
de principios de marzo indican que China está utilizando su sistema de
navegación BeiDou-3 y una constelación de más de 500 satélites para
proporcionar a Teherán un seguimiento en tiempo real de los movimientos navales
estadounidenses en el Golfo Pérsico. Desde enero, China ha estado ayudando a
Irán a migrar su infraestructura militar y gubernamental a sistemas de software
chinos cerrados para prevenir el sabotaje cibernético por parte de las agencias
de inteligencia occidentales. China también ha suministrado radares avanzados
de banda UHF, diseñados para detectar aviones «de baja observabilidad»
(furtivos), como los F-35 que se están utilizando en los ataques actuales. No
obstante, nada de esto ha impedido que la mayoría de los aviones
estadounidenses e israelíes ataquen numerosos objetivos militares, económicos y
civiles iraníes.
Donde
Irán está obteniendo mejores resultados de lo esperado es en el uso de drones.
El 28 de febrero, al anunciar el inicio de los ataques aéreos estadounidenses,
Trump afirmó que los misiles y la industria misilística iraní serían
«completamente destruidos», pero no hizo mención alguna a los drones (Shahed).
Casi dos semanas después, y en respuesta a los ataques estadounidenses e
israelíes, Irán lanzaba más de 2.000 drones de bajo costo contra objetivos en
todo Oriente Medio para desbordar los sistemas de defensa y sembrar el miedo en
la región. Los Shahed llevan una carga explosiva que detona al impactar y puede
causar daños considerables. El ataque más mortífero contra las fuerzas
estadounidenses hasta la fecha se produjo cuando un dron impactó en una base en
Kuwait, lo que provocó la muerte de seis soldados estadounidenses.
Irán
afirma que solo ataca bases militares estadounidenses; sin embargo, estos
drones son notoriamente imprecisos. Algunos han caído en ciudades densamente
pobladas, provocando pánico en las calles y expresiones de gran preocupación
entre los gobiernos de los países del Golfo. Un video verificado por varios
medios de comunicación muestra un dron iraní descendiendo a gran velocidad
antes de impactar contra lo que parece ser un sistema de radar en el cuartel
general de la Quinta Flota de la Armada de Estados Unidos en Manama, Baréin. El
impacto lanza escombros por los aires y provoca el derrumbe de la estructura.
Otro video de los Emiratos Árabes Unidos muestra un dron impactando contra uno
de los hoteles de Palm Jumeirah, un lujoso complejo de islas artificiales en
Dubái, provocando una enorme bola de fuego.
La
mayor refinería de petróleo de Arabia Saudita, situada en Ras Tanura, en la
costa del Golfo Pérsico, detuvo la producción tras un incendio provocado por
los restos de un dron interceptado. En Qatar, la mayor terminal de exportación
de gas natural licuado del mundo también fue cerrada tras ser atacada por
drones iraníes.
A
pesar de su diseño sencillo y su costo de producción relativamente bajo, estos
drones han causado daños significativos en toda la región. Se estima que el
costo de producción del dron de largo alcance Shahed 136, fabricado en Irán,
oscila entre 20.000 y 50.000 dólares. Una minucia en comparación con los
misiles antiaéreos Patriot: los lanzadores cuestan 10 millones de dólares y
cada misil, más de 5 millones de dólares. Irán, por supuesto, apuesta por la
cantidad frente a la calidad.
Al
lanzar enjambres de entre 50 y 100 drones a la vez, los iraníes pretenden
saturar el número de canales de seguimiento disponibles en los sistemas de
radar. También se puede tener éxito a través del «fracaso»: si se derriba 90%
de los aparatos, el 10% que «se cuela» puede causar daños desproporcionados. Un
ejemplo clave es el del 1 de marzo: un solo Shahed que evadió las defensas en
Baréin atacó una estación de radar AN/TPS-59. El dron cuesta unos 20.000
dólares; el sistema de radar que destruyó está valorado en 300 millones de
dólares, lo que representa un «retorno de la inversión» de 10.000 veces para
Irán.
En
cuanto a los ataques a infraestructuras, los drones atacaron con éxito los
centros de datos de Amazon Web Services en los Emiratos Árabes Unidos y Baréin,
interrumpiendo la infraestructura digital regional a pesar de la potente
defensa aérea.
Más
allá del dinero, la cuestión es el inventario. Irán puede producir cientos de
Shahed al mes -ya podía hacerlo antes de la guerra-. Sin embargo, Estados Unidos
y sus aliados no pueden fabricar misiles interceptores complejos a la misma
velocidad. Al obligar a la coalición a «vaciar sus cargadores» contra drones
baratos, Irán está intentando volverlos vulnerables ante su más peligrosa
(aunque limitada) reserva de misiles balísticos de precisión.
Tres personas
En
declaraciones al Washington Post, Donald Trump dijo que tenía en mente a tres
personas dentro de Irán para tomar el relevo, y añadió que uno de estos
«aspirantes» había sido asesinado. No quedó claro si la persona a la que se
refería había sido asesinada por un bombardeo estadounidense o israelí. Un día
después dijo: «No, solo quiero participar en la elección del líder, en la
designación del líder». Luego dijo que tiene que ser un hombre fuerte, alguien
respetado dentro del país. Entonces, ¿quiénes son los candidatos para la
«transformación» del régimen al estilo de Trump à la venezolana? Trump descarta
obviamente a Reza Pahlavi, a quien ha calificado como «un tipo agradable», pero
que no está a la altura del desafío (similar a la posición que tomó en
Venezuela con la opositora María Corina Machado). A pesar de los numerosos
rumores, nadie parece tener una idea clara de a quién tiene Trump en mente como
nuevo «líder» o, de hecho, si hay alguno.
La
rivalidad interna no se limita a la cúpula clerical. Los grupos kurdos en los
que Trump está depositando ciertas esperanzas parecen dispuestos a luchar…
entre ellos. En primer lugar, no hay que tomarse en serio la afirmación de
Abdullah Mohtadi, secretario general del Partido Komala del Kurdistán iraní, de
que su grupo puede movilizar a muchos miles de personas en el Kurdistán. Se
dice que los kurdos constituyen 15% de la población de Irán. Sin embargo,
muchos no viven en el Kurdistán. Residen en Mashhad, Teherán y otras grandes
ciudades; están asimilados al resto de la población, un poco como los escoceses
o los galeses en Inglaterra.
Dos
importantes organizaciones kurdas han denunciado de forma tajante la alianza
kurda pro-Trump. Entre ellas se encuentra el Partido Comunista de Irán -de raíz
kurda- de Ibrahim Alizadeh, del que se escindió Mohtadi. Los nacionalistas -al
menos quienes querían acercarse a cualquiera a cambio de dinero- se fueron con
Mohtadi; los que tenían un poco más de principios se quedaron con el grupo de
Alizadeh. Yo diría que dentro del Kurdistán iraní, el grupo de Alizadeh tiene
más apoyo y puede movilizar a más gente que el de Mohtadi. La declaración que
ha emitido el PCI es muy clara: rechazo al apoyo de Estados Unidos a cualquier
precio y rechazo a este tipo de posicionamiento en la guerra.
El
otro grupo es el Partido Comunista Obrero de Irán (Hekmatista). Tiene menos
adherentes en el Kurdistán, pero en términos de propaganda, lo que dice es
importante. Tanto en el Kurdistán iraní como en el iraquí tiene seguidores y he
visto varios videos de la destacada activista Azar Majedi argumentando con
mucha firmeza contra los partidarios de Mohtadi. Así pues, si la alianza kurda
proestadounidense y proisraelí logra realmente organizarse, veremos guerras
civiles en el Kurdistán antes de que pueda «liberar» Irán para Trump.
También
se escucha hablar mucho de otras minorías nacionales. Los azeríes están más
asimilados que los kurdos en la sociedad iraní, tanto en las zonas persas como
en las kurdas. Hace mucho tiempo, alguien me dijo que 50% de la población de
Teherán tiene ascendencia azerí. Probablemente sea cierto. Así que esto podría
complicar mucho las cosas para Azerbaiyán y Turquía. Turquía, que tiene
diversas líneas de cooperación con Irán, teme que la inestabilidad por la
potencial caída de la República Islámica se extienda sobre su territorio, como
ocurrió durante los pasados conflictos en Iraq y Siria. Y antes de la guerra
actual, oímos hablar bastante de que Tabriz y otras grandes ciudades del
Azerbaiyán iraní habían sido escenario de las mayores manifestaciones
antiestadounidenses y antipahlavíes.
Afirmaciones
propagandísticas
No
estoy segura de quién está pasando esta información a los periodistas de la
BBC, pero tanto en inglés como en farsi parecen afirmar que la abrumadora
mayoría en Irán está bastante contenta de ver caer las bombas. Al parecer, solo
están esperando que todo esto termine, y entonces saldrán a las calles para
apoyar el cambio de régimen de Trump. En primer lugar, es cierto que la inmensa
mayoría de la población está en contra del régimen; solo alrededor de 20% lo
apoya genuinamente. Sin embargo, eso no significa que 80% esté a favor de la
guerra. Incluso muchos expatriados que apoyaron la guerra en los primeros días
ahora piensan que quizá no quede mucho país al que volver.
Nadie
en su sano juicio subestimaría cómo las bombas y las guerras realmente
engendran un sentido exacerbado de patriotismo y nacionalismo. En los últimos
días, lo que más me ha costado ha sido intentar convencer a los jóvenes iraníes
-que hasta la semana pasada eran muy críticos con la República Islámica y ahora
dicen que no es el momento de criticarla- de que este es precisamente el
momento de hacerlo y de organizarse para su derrocamiento desde abajo. Se puede
estar en contra de esta guerra sin caer en la trampa de convertirse en
partidario del nuevo líder supremo o del actual consejo interino.
Los
reportajes de la CNN y Al Jazeera muestran grandes manifestaciones en las que,
tras los bombardeos, la gente sale a la calle contra Estados Unidos, y, por
supuesto, Israel. Estas manifestaciones son en parte organizadas y en parte
espontáneas. No consigo entender cuál fue la lógica de la intervención, ya que
en enero el propio gobierno estadounidense sostenía que involucrarse en las
protestas contra los gobernantes iraníes mediante la acción militar volvería al
régimen menos impopular. Para algunos sectores de la población, al menos a
corto plazo, esto es precisamente lo que han conseguido Trump o Netanyahu.
En
cuanto a los monárquicos, las últimas dos semanas han sido desastrosas para
ellos. A diferencia de las celebridades mencionadas anteriormente, Reza Pahlavi
sigue animando al Ejército estadounidense. No mencionó a los escolares
asesinados por lo que ya sabemos que fue un misil Tomahawk estadounidense; sin
embargo, envió sus condolencias a Trump por la muerte de soldados
estadounidenses. Sus seguidores son cada vez menos, pero los que quedan siguen
apareciendo en las calles de las ciudades occidentales junto los grupos
pro-Israel. Las banderas israelíes y monárquicas ondean alegremente juntas.
La
semana pasada, la desastrosa reunión con los bromistas rusos fue descrita por
muchos como el «momento Newsnight» de Reza Pahlavi, comparándola con la
entrevista de Andrew Mountbatten-Windsor a Epstein. La broma se considera
ampliamente uno de los momentos más embarazosos para Pahlavi debido a lo obvio
que era el montaje.
Aquí
están los detalles de la llamada. Los comediantes se pusieron en contacto con
el equipo de Pahlavi, haciéndose pasar por consejeros del canciller alemán
Friedrich Merz. Durante la videollamada, uno de los bromistas apareció en
pantalla utilizando el nombre «Adolf» y luciendo un característico bigote al
estilo de Hitler. Le dijeron a Pahlavi que su abuelo (Reza Shah) había sido
agente alemán en la década de 1940 y que Alemania estaba ahora dispuesta a
«unirse a una cruzada» y apoyar un ataque militar contra el régimen iraní.
El
video, que circuló ampliamente en las redes sociales y en varias cadenas de
televisión convencionales, mostraba algunos momentos sorprendentes que los
críticos han utilizado para cuestionar el criterio político de Pahlavi. El hijo
del sha fue grabado diciendo que acogería con agrado una coalición
internacional más amplia, incluida Alemania, para unirse a lo que él denominó
una «cruzada» para neutralizar a la Guardia Revolucionaria. A pesar del marcado
acento ruso de los entrevistadores y del absurdo personaje de «Adolf», Pahlavi
continuó la conversación con seriedad durante varios minutos. Cuando el falso
«Adolf» mencionó que su propio abuelo había servido en el Ejército alemán y
había conocido al padre de Pahlavi en Teherán en la década de 1940, Pahlavi
respondió, según se informa: «Eso es muy interesante, bueno saberlo».
El
apoyo a los ataques militares y el llamamiento a Alemania para que se una a la
guerra contra su propio país no han mejorado la popularidad de Pahlavi. Permítanme
recordarles una de las razones por las que la Organización de los Muyahidines
del Pueblo de Irán es tan impopular en Irán. Se puede encontrar a un gran
número de personas que les dirán que lo único que no pueden soportar son los
muyahidines. Si se les pregunta por qué, dirán que es porque en los últimos
días de la guerra entre Irán e Iraq lucharon junto a las fuerzas de Sadam
Husein. En este momento, creo que los monárquicos se encuentran exactamente en
la misma situación. La gente dice: «Bueno, no queríamos este régimen, ¡pero
queremos vivir!». Los corresponsales de Reuters han destacado que, aunque la
diáspora sigue oponiéndose de forma abrumadora a la República Islámica, la
magnitud de la destrucción ha hecho imposible que muchos sigan «celebrando». Un
artículo de Reuters del 6 de marzo señalaba que muchos de quienes salieron a la
calle el primer día ahora se quedan en casa, pegados a las aplicaciones de
mensajería tratando de contactar a sus familiares durante los cortes de
internet. Han aparecido informes similares en The Guardian y otros periódicos.
Líder supremo
En
medio de una guerra, Irán tiene una sucesión dinástica. El nombramiento de
Mojtaba Jamenei -hijo del anterior líder supremo, Ali Jamenei, que fue
deliberadamente asesinado el 28 de febrero- se produjo tras una semana caótica
de informes contradictorios y el bombardeo de las instalaciones del consejo
clerical. Los partidarios de la línea dura, liderados por Hossein Taeb, una
figura controvertida dentro del establishment de seguridad iraní y a quien se
ha descrito como el «arquitecto del Estado en la sombra» de la Guardia
Revolucionaria, impulsaron el nombramiento para proyectar estabilidad.
Sin
embargo, la elección es muy controvertida: Jamenei hijo carece de la
experiencia política necesaria, y su nombramiento rompe los principios
antimonárquicos fundamentales de la revolución de 1979. La propia salud de
Mojtaba es incierta (algunos informes sugieren un posible coma). Al parecer, la
Guardia Revolucionaria y los partidarios de la línea dura aceleraron la
votación para garantizar una «voz fuerte» y enviar una señal de desafío,
ignorando la oposición de figuras como el líder de seguridad Ali Larijani
(luego asesinado por Israel). Es probable que el nombramiento viole los
criterios escritos del difunto Jamenei, y su hijo se enfrentó a las amenazas
inmediatas de asesinato por parte de Israel y a advertencias de Trump.
Hay
informes exagerados en los medios occidentales sobre su fortuna personal. El 10
de marzo, el Telegraph afirmó que el nuevo líder supremo de Irán había comprado
dos pisos de lujo a pocos metros de la embajada israelí en Londres. Los
apartamentos se compraron a través de Ali Ansari, un banquero iraní sancionado
por el gobierno británico en octubre del año pasado por financiar a la Guardia
Revolucionaria. Las autoridades del Reino Unido han tildado a Ansari de
«corrupto», congelaron sus activos y le prohibieron la entrada al país. Los
servicios de inteligencia británicos conocen la existencia de las propiedades.
El periódico no muestra ninguna prueba de que Ansari comprara las propiedades
para Mojtaba Jamenei. Sin embargo, incluso si ese fuera el caso, los pisos
podrían formar parte de los esfuerzos de la República Islámica y la Guardia
Revolucionaria por eludir las sanciones. Hasta ahora, el estilo de vida de
Mojtaba no sugiere ningún interés por una vida lujosa en el Reino Unido ni en
ningún otro lugar. El día del ataque estadounidense residía en la modesta
vivienda de su padre en el norte de Teherán, donde sufrió las lesiones de las
que se ha informado. Más allá de estos detalles, su verdadero carácter y sus
inclinaciones políticas siguen siendo un enigma.
En
resumen, el conflicto en Irán pone de manifiesto una marcada brecha entre la
estrategia militar de alto nivel y la realidad sobre el terreno. Estados Unidos
e Israel recurren a armas caras y de alta precisión para destruir
infraestructuras, mientras que Irán responde con un gran número de drones
Shahed de bajo costo. Esto da lugar a una «guerra de desgaste», en la que
incluso una defensa exitosa contra los drones por parte de Estados Unidos e
Israel resulta extremadamente costosa. El resultado es una especie de
estancamiento militar basado en el agotamiento económico más que en una
victoria decisiva. Mientras tanto, el petróleo sube a causa de los golpes
cruzados contra infraestructuras energéticas.
Dentro
de Irán, la guerra ha complicado el cambio de régimen. Las promesas de
«liberación» de las figuras exiliadas se han visto socavadas por las muertes y
el sufrimiento de la población civil y la destrucción generalizada. Al mismo
tiempo, el ascenso de Mojtaba Jamenei -al que se considera carente de
«legitimidad»- sugiere que el régimen se está reduciendo a un «Estado en la
sombra» más cerrado y centrado en la supervivencia.
La familia Jamenei
Persisten
las dudas sobre las conexiones de la familia Jamenei y su riqueza. La familia
extensa se ha enfrentado a frecuentes acusaciones de corrupción y varios de sus
miembros son considerados parte de la «oligarquía» detestada por la población.
El siguiente resumen describe a las figuras claves (y detalla cómo se han
beneficiado económicamente de sus vínculos familiares), así como a quienes se
ubican en la disidencia.
Vahid
Reza Taleghani (yerno de Mohammad Jamenei, hermano mayor de Ali) y Ahmad
Hosseini Jamenei (primo del nuevo líder) están involucrados en la empresa
Karavan Transport, bajo la supervisión de la Fundación Hikmat-e-Islami Sadra.
Según algunos documentos -cuya veracidad no puede verificarse de forma
independiente-, el 8 de marzo de 2022 un fiscal iraní registró «abuso de
confianza, obtención de bienes por medios ilegítimos y malversación de fondos
públicos» por parte de Karavan.
La
familia materna del nuevo líder supremo (de apellido Khojasteh) se ha
beneficiado política y económicamente de sus vínculos familiares. Mohammad
Khojasteh Bagherzadeh (cuñado del difunto Jamenei) dirigía la Fundación
Benéfica Khojasteh en Mashhad. Su hijo, Komeil Khojasteh, fue director
ejecutivo de Tebyan (afiliada a la Organización para la Difusión del Islam) y
administrador del sitio web oficial de Ali Jamenei. Farshad Mehdipour (pariente
político) fue editor del periódico conservador Sobh-e-No y ex-subdirector de
cultura en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
La
familia también cuenta con varios disidentes: Badri Jamenei Robabeh, la hermana
menor de Ali, había criticado directa y públicamente a su hermano. En 2022,
tras la muerte de Mahsa Amini bajo custodia policial tras su detención por no
llevar el hiyab, Badri Jamenei se distanció de su hermano y líder supremo,
afirmando que él no escuchaba la verdadera voz del pueblo ni prestaba atención
a las críticas. Subrayó que había cortado los lazos con él debido a su
«continuo camino de represión y asesinato de personas inocentes».
Ali
Moradkhani Arangeh era el marido de Badri Jamenei. Se trasladó a Iraq durante
la guerra entre ambos países y se opuso públicamente a la República Islámica.
Regresó a Irán en 1994 tras siete años fuera del país y fue condenado a
prisión. Falleció hace tres años en Teherán a la edad de 96 años.
Hadi
Jamenei, el hermano menor «reformista» de Ali, asistió a la universidad en
Mashhad durante dos años antes de ser detenido y de que se le prohibiera
continuar sus estudios. Tras la revolución de 1979 fue miembro activo de grupos
cercanos a Jomeini. Hadi dirigió los periódicos Jahan-e Islam y Hayat-e-No.
Este último era crítico con el establishment y fue prohibido en 2002 (y de
nuevo en 2009). Como secretario general de la Asamblea de Fuerzas de la Línea
del Imán, apoyó a los manifestantes durante las controvertidas elecciones de
2009 y criticó el arresto domiciliario de Mehdi Karroubi y Mir-Hossein Mousavi,
dos líderes del Movimiento Verde. En una ocasión, declaró en una entrevista que
no había tenido mucha relación con su hermano en los últimos años. Sin embargo,
actualmente dirige el Instituto de Investigación para la Historia del Islam,
que recibe financiación del gobierno.
Mir-Hossein
Mousavi, el primer ministro durante la guerra con Iraq, es primo segundo de Ali
Jamenei. A pesar de sus lazos familiares, mantuvieron disputas fundamentales
durante sus mandatos como primer ministro y presidente. Mousavi se opuso a
Jamenei en 2009 y lleva bajo arresto domiciliario desde entonces.
Es
cierto que existe una corrupción significativa dentro de la República Islámica
de Irán, gran parte de la cual está asociada a altos cargos del Cuerpo de la
Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), funcionarios «elegidos» y ministros.
Sin embargo, la narrativa sobre la familia Jamenei embolsándose enormes
beneficios parece más compleja de lo que suelen informar los medios de
comunicación convencionales.
---
*Yassamine
Mather es académica y activista socialista iraní. Es
integrante de la Sala Común Superior (Senior Common Room, SCR) del St Antony’s
College, adscripta al Centro de Estudios sobre Oriente Medio de la Universidad
de Oxford.
----
Fuente:
Publicado por la revista Nueva Sociedad https://nuso.org/articulo/en-las-entranas-de-la-guerra-contra-iran/
- Nota: este artículo es una versión actualizada del publicado en Weekly
Worker, el 12/3/2026, con el título «Satellite-Guided War of Terror».
Traducción: Pablo Stefanoni.


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