Más que una festividad, el Sisay Pacha constituye un
momento de renovación integral, en la cosmovisión andina, el florecimiento no
solo alude al ciclo agrícola y a la fertilidad de la tierra, sino también al
despertar de la conciencia colectiva, al fortalecimiento de la organización
comunitaria y a la reafirmación del vínculo entre territorio, identidad y
espiritualidad. En la ciudad, este tiempo adquiere nuevos significados: es el
florecer de la interculturalidad, del diálogo entre saberes y de la presencia
activa de los pueblos originarios en espacios urbanos.
En esta edición, la celebración fue impulsada por la
Coordinadora de Organizaciones de los Pueblos Indígenas de Quito - COIQ, con el
respaldo de los Varayuks de la Comunidad Mirador Esperanza, Sumak Bastidas y el
acompañamiento comunicacional del medio digital comunitario RiksinakuyTV Internacional,
que dedicó una emisión especial a reflexionar sobre el sentido contemporáneo
del Sisay Pacha Raymi.
Durante el recorrido por distintos sectores de Quito,
las comparsas y expresiones artísticas transformaron calles y plazas en
escenarios de encuentro intercultural, mujeres, jóvenes, niños y mayores
participaron en rituales de armonización, música ancestral y representaciones
simbólicas que evocan la relación sagrada con la Pachamama y la memoria de los
pueblos Puruhá.
La jornada evidenció cómo esta celebración ancestral
se resignifica en medio de la modernidad y la urbanización. Lejos de diluirse,
el Sisay Pacha Raymi se adapta, dialoga y se fortalece, convirtiéndose en un
puente entre lo rural y lo urbano, entre generaciones y entre culturas que
conviven en la capital.
Nelson Atupaña, presidente de la COIQ, manifestó que
el florecimiento también implica organización y conciencia. “Sisay Pacha es
tiempo de sembrar unidad, de revitalizar nuestra lengua, nuestros saberes y
nuestra espiritualidad. En la ciudad también florecemos como pueblos”, señalo
durante el evento.
En el diálogo se abordó cómo las celebraciones
andinas, lejos de ser actos folclóricos, constituyen prácticas vivas de
resistencia, afirmación identitaria y construcción de interculturalidad desde
abajo.
La segunda edición del Sisay Pacha Puruhá en Quito
consolida así un proceso que articula espiritualidad, cultura y organización
comunitaria, proyectando el florecimiento andino más allá de los territorios
rurales y afirmando que la ciudad también es espacio de memoria, lucha y
esperanza.
Con música, color y palabra ancestral, el Sisay Pacha
Raymi 2026 dejó en claro que el florecimiento de los pueblos indígenas no es
solo un ciclo natural: es una decisión colectiva de mantener viva la identidad
y de construir un futuro intercultural en el corazón de Quito.





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