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viernes, 20 de marzo de 2026

A un año del derrame en Quinindé, comunidades sostienen la memoria, la denuncia y la defensa del territorio

Quito, 19 de marzo de 2026.– A doce meses del derrame petrolero ocurrido el 13 de marzo de 2025 en el cantón Quinindé, provincia de Esmeraldas, las voces de las comunidades afectadas siguen activas, organizadas y en resistencia.

 

Desde los territorios, organizaciones sociales, colectivos ambientales y habitantes locales mantienen procesos de denuncia, vigilancia comunitaria y defensa de la vida frente a lo que califican como una crisis ambiental aún no resuelta.

 

Lejos de cerrarse, el impacto del derrame continúa presente en la cotidianidad de quienes dependen del agua, la tierra y los ríos. Las comunidades aseguran que la contaminación persiste en los ecosistemas y que sus efectos se extienden a lo largo del sistema hídrico que conecta con el mar, afectando no solo a la naturaleza, sino también a las formas de vida ancestrales y a la economía local.

 

Territorio contaminado, comunidades organizadas

 

Los testimonios dan cuenta de una afectación integral: disminución de la pesca, deterioro de cultivos, pérdida de biodiversidad y dificultades para acceder a agua segura. Los ríos Caple y Biche son señalados como parte de los afluentes impactados, cuyos efectos se expanden hacia el río Esmeraldas.

 

“Esto no es solo un derrame, es una herida abierta en el territorio”, expresan líderes comunitarios, quienes han asumido la tarea de documentar, informar y alertar ante la falta de respuestas estructurales.

 

Salud, silencio institucional y saberes locales

 

Las preocupaciones también atraviesan el ámbito de la salud. Habitantes de las zonas afectadas advierten sobre síntomas y enfermedades que podrían estar relacionadas con la exposición a contaminantes, mientras denuncian la ausencia de estudios independientes y de atención médica adecuada.

 

Frente a esto, las comunidades han fortalecido sus propias redes de cuidado, articulando saberes ancestrales y mecanismos de apoyo colectivo, en medio de lo que consideran un abandono estatal.

 

Remediación cuestionada y exigencia de verdad

 

Las acciones impulsadas por entidades estatales, como Petroecuador, son vistas con desconfianza. Desde los territorios se sostiene que las intervenciones han sido parciales, sin abordar la contaminación profunda ni garantizar procesos transparentes de información.

 

La exigencia no es solo técnica, sino también política; acceso a la verdad, participación real de las comunidades y respeto a los derechos de la naturaleza.

 

Memoria, justicia y defensa del territorio

 

A un año del derrame, las comunidades no solo exigen reparación, sino también memoria. Insisten en que estos hechos no pueden repetirse y que es necesario avanzar hacia un modelo que respete los territorios y la vida.

 

En medio de la contaminación, las comunidades continúan defendiendo el agua, la tierra y su derecho a existir con dignidad.

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