En
plena feria de sábado en Otavalo, caminando entre personas de todas las etnias,
edades y tamaños: mestizos y mestizas, cabellos largos, rapados, ondulados,
pintados, minifaldas, botas, tatuajes; afro americanos (nas), de diferentes
tonalidades de piel oscura, altura, pelo en afro, rapado, pintado, entrenzado;
uno que otro “gringo (a)”, rubios, altos, gordos, flacos, diferentes; indígenas
que se distinguen entre la multitud luciendo sus trajes típicos, otavalos o
caranquis, en especial las mujeres por sus blusas multicolores, bordadas con
sus propias manos, collares y brazaletes de coral, grandes aretes, sus anacos o
polleras sostenidas a sus cinturas por gruesas fajas que hacen resultar sus
abundantes caderas, caminan sobre sandalias fabricadas con sogas de cabuya; las
más jóvenes, muestran escotes amplios que dejan a la vista una piel fresca
canela que roba la vista de hombres y mujeres.
Entre,
cientos, talvez miles de personas que se
mezclan, entrecruzan, se rozan, se empujan con naturalidad, en las calles de la
ciudad Valle del Amanecer, principalmente en las calles de los libertadores:
Sucre y la Bolívar. Allí se concentra la mayor cantidad del comercio en la
feria de los sábados. Miles de productos diferentes se exhiben en carpas,
veredas, carretas, canastos y como se pueda. Se promocionan productos a viva
voz, mediante parlantes con música o sin ella. Desde insectos comestibles como
los tradicionales cachos con tostado o simplemente los escarabajos vivos; los
churos con limón, cebolla y cilantro; frutas de todos los colores, tamaños y
sabores; jugos de frutas y limonadas. Pasando por celulares y sus aditamentos,
se exhiben todo tipo de ropas tradicionales o no, pinturas, sombreros,
alfombras, artículos de cuero, hasta amuletos y talismanes envueltos en aromas
que se desprenden del humo del palosanto o inciensos diferentes.
Allí
está expuesto todo el trabajo, esfuerzo, sacrificio, sudor y quien sabe
lágrimas, de quienes aspiran a obtener un merecido ingreso, satisfaciendo la
necesidad o deseo de adquirir algún artículo o simplemente la curiosidad de quienes
solo sienten el impulso de mezclarse con sus congéneres por un sentimiento
gregario natural, propio de humanos de todos los tiempos.
Entre,
gente, artículos, gritos, voces y todo tipo de sonidos, mi mente analítica abre
un paréntesis en la realidad, la contrasta con el silencio de los sábados
durante el paro de 33 días, mantenidos durante septiembre y octubre de 2025, en
el que Otavalo fue el centro de resistencia, valor, organización, voluntad de
lucha y solidaridad. Dimensiono la capacidad del movimiento, fundamentalmente
indígena Otavalo y Caranqui, que logró que esta feria durante varios sábados se
silenciara totalmente, la Plaza de Ponchos se mantuvo solidariamente solitaria,
los almacenes cerrados, las calles con muy pocas personas, solo se estremecían
al paso de las caravanas de indígenas que monitoreaban la situación en la
ciudad entre gritos de vivas al paro y consignas contra el gobierno gamonal
autoritario.
Se
requiere de una capacidad de organización muy grande, voluntad de acción, convicción
y mucha valentía para lograr la paralización casi total de una ciudad altamente
comercial y sus parroquias, durante un tiempo tan largo, y a la par, bloquear
la Panamericana y enfrentar las fuerzas represivas desproporcionadas enviadas a
reprimir por tierra y aire la resistencia de un pueblo heroico, luchando no
solo por sus derechos, sino por el de todos los pueblos y nacionalidades del
país; convirtiéndose en un ejemplo para todos los ecuatorianos y el mundo.
El
gobierno asesino de un gamonal convertido en presidente, no por la voluntad
popular, sino por trampa, maña, engaño y fraude, con apoyo del imperio yanqui,
arremetió con toda su fuerza y vileza contra un pueblo desarmado, ocasionado 3
muertos, decenas de heridos y decenas de detenidos, sin lograr otra cosa que un
repudio, que se materializo en cuatro veces NO en la consulta, estúpidamente
llevada a cabo por la necedad del engreído gamonal presidente.
Vuelvo
a la realidad del intenso comercio que invade plazas, calles y veredas de esta ciudad,
de esta tierra, la de los lagos, donde vivo hace más de 25 años, tierra de mis
antepasados a la que, siendo quiteño, volví por llamado de esas fuerzas
misteriosas que rigen los destinos humanos, y un orgullo muy grande me invade
por esas mis raíces, por mi historia personal, por ser parte de esa lucha desde
siempre y hasta siempre.
Aunque
por mi edad (77), no participé directamente en las barricadas, en el
enfrentamiento directo, el cierre de la Panamericana y vías accesorias, estuve
allí compartiendo con ellos en su campamento, comiendo de su plato, admirando
su organización, solidaridad y valentía, recorriendo sus puestos de combate con
el bastón sagrado del cóndor con el que participé en las Jornadas de Paz y
Dignidad, repartiendo bendiciones con amor, admiración y respeto, sin afán
alguno de notoriedad, quizá imperceptible, invisible, pero verdadero.
Pacha
Terán, líderesa real, capaz, valiente, preparada, fue la mujer indígena que
estuvo al frente de la resistencia desde Peguche, cuartel general del
movimiento que logró no solo enfrentar, logró hacer retroceder a las fuerzas
policiacas y militares, que por cielo y tierra atacaron al pueblo otavaleño de
forma incruenta, con un exagerado uso de la fuerza, propio más de una guerra
que de la disolución de una manifestación.
El
ejemplo y resultados de la lucha de resistencia en Otavalo, Cotacachi y
Esperanza, demuestra que, si se extiende esa forma de lucha a todo el
territorio nacional, se podría paralizar el Ecuador entero, no habría gobierno,
ni poder militar que lo detenga. Que, si los pueblos y nacionalidades indígenas
recuperan su poder de organización comunitaria, convocatoria y cosmovisión,
serán capaces de movilizar a todo el pueblo, no solo para derrocar a este
gobierno, sino para poner su propio gobierno incluso por fuera de la normativa
burguesa del voto.
Pero
los acontecimientos contrarios del Paro, dan claridad al hecho de que el
sistema de clases sociales del capitalismo ha penetrado el movimiento indígena,
que hay en su seno indígenas capitalistas y pro capitalistas, traidores e
infiltrados. Que si bien la etnia, cosmovisión, cultura y costumbres,
cohesionan; la acumulación económica y la religión, los divide. Que el
individualismo y egoísmo ha encontrado cabida en muchos malos elementos de su
comunidad, convirtiéndoles en traidores a los principios de ama shua, ama
killa, ama llulla, y a sus pueblos. Que es la lucha de clase una realidad en
toda la sociedad ecuatoriana, es la contradicción fundamental.
La
situación en la que se encuentra el país, requiere una transformación radical,
revolucionaria. No será posible superarla conservando el sistema, el modelo
capitalista burgués, sometidos a la voluntad del FMI y el imperialismo.
Mi
mente racional, mientras camino entre gente, bullicio y recuerdos, me grita que
No lo lograremos repitiendo los errores del correísmo, que, a la larga, es el
que más ha perjudicado a la izquierda y al socialismo, por haber tomado su
bandera, pero no haber sido consecuente, ni política, ni ideológica, ni
éticamente, pese a tener a su favor condiciones favorables, tanto objetivas
como subjetivas, para consolidar un proceso revolucionario. Mantuvo la
dolarización imposibilitando que seamos un país soberano e independiente,
permitiendo ser un atractivo para la delincuencia internacional y hoy, ser
corredor de tráfico de droga, uno de los más grandes del mundo. No se consolidó
una base social, descuidó la formación de cuadros y distanció del movimiento
indígena representado por la CONAIE y centrales sindicales. Posibilitó que la
estrategia de corrupción del imperialismo invadiera esferas importantes del
gobierno e impulsó la candidatura de un traidor (Correa debió conocer de los
defectos y debilidades de su vicepresidente y protegido).
No lo
lograremos, repitiendo los errores de Pachakutik, que terminó alejándose de sus
principios y de la unidad en la diversidad que le permitió ser una alternativa
política en sus inicios, convirtiéndose en un partido tradicional como
cualquier otro, sin identidad de clase, lo que desata el divisionismo y
ambiciones individuales, que afectan la cohesión y dirección del movimiento,
como podemos verificar en el comportamiento oportunista traidor de la mayoría
de sus asambleístas actuales.
No lo
lograremos, repitiendo los errores de los partidos de la izquierda tradicional,
que se erigieron en representantes de los trabajadores, coparon las dirigencias
de sus centrales sindicales, pero terminaron siendo legitimadores del sistema,
muchos aprovechando su posición para beneficio personal y figuración, pero sin
efectos de transformación real.
Ni
tampoco, repitiendo la experiencia fallida de AVC, Montoneras y otros grupos,
que tomaron las armas, motivados más por la euforia desatada tras las victorias
de Cuba y Nicaragua, que por una respuesta objetiva al sentir popular y las
fuerzas de izquierda. La iniciativa vanguardista armada de AVC, no tuvo la
coherencia ideológica, ni el apoyo popular esperado, fue derrotada militar y
políticamente en menos de 5 años, pagando un alto costo en vidas,
desapariciones, tortura y cárcel, sin mayor beneficio para la transformación
del estado oligárquico que se proponía.
Sí se
logrará, construyendo una verdadera alternativa política proletaria, con la
unidad de todos los trabajadores, del campo y la ciudad, indígenas, afros,
blancos, mestizos, formales e informales, públicos o privados, profesionales,
académicos, docentes o estudiantes.
Todos
los que vendemos nuestra fuerza de trabajo mental, conocimiento o manual,
unidos en un solo partido que recoja la ideología, principios, experiencia,
sabiduría y saberes de todos los anteriores, desechando sus fallas y defectos.
El
Partido Revolucionario de los Trabajadores es la alternativa, está creado,
están puestos los cimientos ideológicos fundamentales, ha dado sus primeros,
combativos y exitosos pasos, cuenta con los primeros líderes, dirigentes y
militantes, preparados, probados en la lucha y acción popular….
Construyámoslo,
desarrollémoslo, ¡convirtámoslo en la fuerza popular alternativa que requiere
el país ya!
La
feria de Otavalo del sábado, continúa imperturbable con su intenso intercambio
de personas, culturas, costumbres y cosas, es la esencia de lo que somos, un
país intercultural, multiétnico, de trabajadores, con un potencial capaz de
transformar el sistema injusto, inequitativo, violento y dependiente que nos
domina, en otro alternativo, más justo, equitativo, de paz, libertad, soberano
e independiente.
En mi
mente activista, mientras abandono tan rico escenario, resuenan consignas de
todos los tiempos….
¡¡¡Trabajadores
del Mundo Uníos!!!
¡!!Organizarse
es comenzar a vencer¡¡¡
¡¡¡Sin
lucha, no hay victoria!!!
Una
emoción especial me impulsa a narrar la experiencia de sábado en la feria.
Llegado a mi casa, desde cuya terraza pudimos ver claramente los
enfrentamientos que se dieron en la Panamericana Norte y la 31 de Octubre, el
día en el que una bala asesina atravesó el pecho de José Guamán, entre nubes de
gas lacrimógeno de innumerables bombas disparadas a los cuerpos de los
valientes combatientes populares, entre disparos de armas de guerra, gritos y
consignas contra el gobierno y las fuerzas represivas desquiciadas sedientas de
sangre de su propio pueblo…
Despierta
mi mente ilusionista, esa que me impulso a escribir Memorial de una Ilusión
hace casi 30 años, empiezo esta narración, con la pretensión de que sea una
contribución a la toma de conciencia popular y proletaria de nuestras
capacidades para unirnos, organizarnos, crear poder popular y lograr la victoria
de la clase obrera.
¡VENCEREMOS!


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